SUBIENDO LA FALDA 51


Subiendo la Falda

Por Eduardo Carvajal. “Cuando las letras fluyen, el volcán se enciende, las laderas se estremecen y las palabras toman ritmo”
Desde una empinada calle de Manizales. Marzo 26 de 2020. Cuando era niño sentía escalofríos con esas películas de acción o de terror, donde las grandes ciudades eran amenazadas y muchas veces destruidas, con sus habitantes corriendo en crisis de locura y, mientras los paladines aparecían, los malos del paseo se reían y a carcajadas.
Así vi en aprietos a Ciudad Gótica por culpa de Güason, mientras Batman, Robin, después la Batichica y hasta Alfred Pennyworth, el flemático mayordomo de Bruce Wayne, se escondían en la ‘Baticueva’ buscándole solución a los problemas planteados por el malvado pero brillante Joker.
Muchas veces, aplace sueños pensando en lo que sería el mundo sin Superman y todo por culpa de Lex Luthor, su afán megalómano, su cabello pelirrojo delirante que pasó a la calvicie por cuenta de un dibujante, con Metrópolis destruida, mientras el pobre Clark Kent caía rendido ante el poder de la Kriptonita.
Presencié en cine la destrucción casi total de Los Ángeles en USA con Terremoto la película éxito presentada en 1974 y dirigida por Mark Robson, pero también vi morir ahogados a centenares de actores de reparto y extras en La Aventura del Poseidón o en Titanic.
Pobres New York y Washington, literalmente acabadas por unas cuantos films, hasta que el 11 de septiembre de 2001 un grupo de suicidas yihadistas de Al Qaeda lo convirtió en realidad ante la mirada del mundo, estupefacta frente a la TV.
Hasta que me senté a ver Armageddon donde Bruce Willys como el Capitán Harry Stamper, con su averiada nave ‘La Libertad’, ofrenda su vida para hacer explotar el meteorito que iba a destruir el planeta cuando el asteroide estaba a 600 kms del planeta.
Y así pasaron  horas y años de susto…
Lo que no esperaba era que, al llegar a los 60 años, tuviera que vivir, en vivo y en directo, el desarrollo de una pandemia que aterroriza al mundo, hace escalofriar a un poco más de 7 mil millones de personas y, nos tiene acá escondidos con jabón en mano, gel, tapabocas y guantes, esperando que no se nos acerque.
Pensé que era cosa del pasado la pandemia de Marsella de 1720, una peste que azotó esa ciudad francesa debido a la propagación del Bacilo de Yersin que mató a 40 mil de los 90 habitantes del puerto en el sur francés.
Y que tal en 1820 la primera pandemia de Cólera en Europa que fue importada por tropas británicas provenientes de la India.
Eso sin contar la pandemia de gripe de 1918, llamada también la Gripe Española, aunque realmente sus catastróficos resultados se conocieron hasta 1920 y que dejó cifras que van de 20 a 40 millones de muertos.
Ese 1918 tocó a Colombia y la Gripe Española llegó por vía marítima golpeando muy fuerte a Boyacá, después a Antioquia, Bolívar, Tolima, Valle, Caldas y Atlántico, hasta aterrizar en los dos santanderes.
De los archivos queda la cifra que la influenza atacó a unos 100 mil bogotanos, más o menos el 80% de la población.
Y le regalo este dato, en el Siglo XV la peste necesitó tres años para extenderse de Asia a Europa, en el Siglo XX la Gripe Española se expandió en meses, a comienzos del Siglo XXI el SARS viajó de Hong Kong a Toronto en 15 horas, el virus AH1N1 o gripe porcina en el 2009 en menos de un mes afectó a 40 países en 4 continentes.
Desde diciembre hasta hoy, la pandemia COVID 19 ha pasado arrasando por más de 150 países en cuatro meses…
Hoy en la tarde, mientras a distancia hemos podido ver las fumarolas por la nueva actividad del Volcán Nevado del Ruiz, sigo pensando en las películas del ayer y la realidad de hoy.
Siento a lo lejano los saludos familiares a distancia entre padres e hijos, los cansados abuelos sorprendidos, porque los que ya sucumben ante el Alzheimer, no alcanzan a entender las cabriolas.
Los que cambiamos los libros por la familia, la soledad como estilo de vida, las bibliotecas donde los libros danzan como si estuviésemos en una discoteca de letras, hoy medio asustados contamos los pocos denarios que debemos hacer rendir hasta que la primera cuarentena se levante.
Entonces llamo a una familia caldense amiga, cuyo ‘sardino’ recién ha jugado en la infantil de Caldas en el torneo nacional y me cuentan que los guayos están colgados pero que están que se juegan, que el uniforme del equipo está limpio al lado del colegial, dispuesto para ser vestido, que el chico estudia un rato y ve noticias de sus futbolistas profesionales por el Internet y, es que el sueño está interrumpido, pero no finalizado.
En la cocina, arroz, huevos, enlatados, frutas y verduras esperan para ser engullidos en una cuarentena que puede ser más larga si no colaboramos.
Desde Bogotá me llaman los periodistas que caminan el centro y me cuentan que la indisciplina viene por el lado de los venezolanos, que sin familia, futuro y trabajo, poco ayudan al gobierno. Entonces colijo que esos debe ser los ‘deportados’ hacia un país donde su gobernante hoy es cabeza de US$ 15 millones acusado de narcotráfico y delitos afines.
Bye Bye London, arrivederci Roma, à bientôt Paris, Hasta luego querida Colombia de amores infinitos…

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